La economía de la atención ha cambiado la forma en que consumimos información, influye en la política y en el modo que usamos las redes. Descubre cómo las Big Tech, los algoritmos y la desinformación está cambiando nuestra percepción del mundo.
Estados Unidos, Jeremy Hopper, de 27 años, comparte en TikTok su dolor al darse cuenta que es el último miembro con vida de su familia. Jeremy llora con ahogada pena frente al espejo. Quiere con anhelo ser recordado, dejar un rastro de su paso por la vida. Este caso refleja una tendencia creciente: la vida carece de valor sin las redes; nuestra existencia, única y finita no se limita a la familia, amigos o cercanos, sino en mayor medida a los seguidores ¿Cómo llegamos a esto, qué desencadenantes transformaron nuestra existencia en una virtual necesidad de atención?
Se hizo común ver personas compartir una mesa y todos al mismo tiempo usar los celulares. Interrumpir una reunión para sacar la selfie grupal o familiar. Algo ha cambiado, al igual que Jeremy, sentimos la necesidad de validad el momento, y que eso, solo puedo hacerse a través de un dispositivo.
Desde una charla con padres, hijos o amigos, la atención se vuelve indispensable para entablar lazos. Hoy los vínculos están en manos de los seguidores, o se establecen por medio de los DM de las aplicaciones. Los feeds de nuestro instagram puede señalar mejor nuestros gustos, de lo que puede hacerlo un amigo. La tecnología a fin de cuentas, es la única que sabe todos nuestros secretos. Pero ¿Cómo la atención en las redes se hizo un recurso tan importante?
La economía de atención

La economía de la atención es un término acuñado por el economista y premio Nobel Herbert A. Simon. En 1971 escribió «una riqueza de información crea un pobreza de la atención» que refiere a las consecuencias de la cantidad de información que manejamos a diario.
El exceso de información, no solo provoca que una misma noticia se replicada, también exacerba a quienes lucran con ella. Cada contenido compite por captar la atención de los usuario generando un ecosistema efímero y altamente competitivo.
La necesidad de atención pone escenarios que llevan al extremo cualquier idea. Videos de personas grabándose colgadas del tren o haciendo parkour en las alturas; influencers que pierden la vida con la intención de obtener más tiempos de sus seguidores, son los casos más extremos.
Otra característica es la magnitud. Según la plataforma TikTok, se suben alrededor de 11 millones de videos a diario. Por minuto, se suben más de 500 horas de video en YouTube. Instagram obtiene unas 140 mil millones de reproducciones diarias de reels.
En un ecosistema donde a diario el contenido se disputa la atención, la ética queda de lado, provocando frecuentes publicaciones con noticias falsas o de contenido artificial. El Foro Económico Mundial alerta que la desinformación, la proliferación de noticias falsas generadas con IA serán un riesgo a corto plazo.
Un estudio realizado a estudiantes universitarios de comunicación, por la Universidad Autónoma de Barcelona reveló que estos dedican más horas de las que son conscientes al uso de redes sociales. El diseño de las plataformas y sus algoritmos de recomendación tienen un efecto directo en la percepción del tiempo y la retención de usuarios.
Además, organismos como Amnistía Internacional, alertan sobre ciertas estrategias de retención como el feed «para ti» de TikTok, que fomenta hábitos de consumo prolongado. Por otro lado, según su estudio, después de cinco o seis horas de uso, uno de cada dos videos mostrados estaba relacionado a la salud mental, y parte de contenido analizado presentaba un impacto negativo en la percepción del bienestar de los usuarios.
El impacto de la economía de la atención en la salud digital y en la sociedad se hace evidente. A medida que la tecnología evoluciona, el debate sobre su regulación y el impacto de su diseño en la toma de decisiones toma relevancia.
El efecto Trump
El 20 de enero, en Washington D.C, Donal Trump asume la presidencia de Estados Unidos por segunda vez. En su discurso inicial y primeras acciones de gobierno, plantea medidas en materia de inmigración, cambio climático, regulaciones gubernamentales como las reasignaciones de género y comercio exterior. Algunas de las iniciativas guardan cierta similitud con las políticas impulsadas en Argentina por el presidente Javier Milei.
En el ámbito político han modificado las estrategias de comunicación. El uso intensivo de redes sociales permite a líderes políticos mantener una presencia constante en la agenda mediática. La frecuencia de publicaciones y la viralización de ciertos contenidos pueden influir en la percepción pública, generando debates constantes en torno a sus declaraciones y decisiones.
La expresión «es para televisión» ha sido utilizado en la jerga para describir situaciones en las que las acciones realizadas tienen el objetivo de captar la atención. Mas allá de si las declaraciones se traducen en medidas concretas, su impacto en la agenda mediática parece depender de su presencia en las pantallas. El papel de los algoritmos en la difusión de contenido y su impacto en la percepción pública sigue siendo un punto de debate, especialmente en la ampliación de discursos violentos.
Quo pro quo

Las Big Tech obtienen a diario información detalla de los usuarios. Esto las hace un aliado útil del poder político. La asunción de Trump acompañado de Musk, Zuckerber, Cook, Pichai y Bezos en primera fila, evidencia que la tecnología no es ajena a las posiciones políticas. Tanto el poder como la cúpula tecnológica, se benefician.
Mientras uno aprovecha los algoritmos y las mediciones en tiempo real, el otro se beneficia de incentivos fiscales, regulaciones labores, inversiones y ausencias de medidas antimonopólicas.
Casos como Cambridge Analytica y la toma del Capitolio han evidenciado el impacto de las plataformas digitales en la seguridad social. El cambio de las políticas de moderación de contenido y la adquisición de las redes sociales por figuras influyentes han puesto en debate el papel de estas plataformas en la regulación del discurso público y en la construcción de la opinión social.
La realidad supera la virtualización
Las redes sociales se han convertido en espacios de interacción, debate y movilización social. Desde campañas políticas hasta movimientos ciudadanos, la atención en redes ha cobrado un valor predominante en la dinámica social y económica.
Hoy actos y declaraciones se convierten en videos virales que, en tiempo real, miden las repercusiones. Los nuevos gobiernos se destacan por realizar álgidas compañas en redes sociales donde cada declaración termina en una verdadera batalla campal de reacciones. ¿El fin justica los medios?
Definir a la política actual como espectáculo sería un error, pero no podemos ignorar que gran parte de los debates que proponen, nacen y se disputan en las redes. El uso abusivo de fakes news, la personalización de contenidos basadas en algoritmos, y el acceso diferenciado de las información plantea el riesgo de vivir entre dos realidades paralelas.
¿Se ha convertido la atención en redes en el nuevo instrumento político que mide el termómetro social? La reciente Marcha Federal por los derechos de la comunidad LGBTQ+ demuestra que no todo lo que ocurre en la realidad se refleja con la misma magnitud en los algoritmos, lo que puede generar cierta distorsión de la realidad percibida. Nuestra atención primaria no es la que reflejan las pantallas, sino la de las personas que tenemos al lado, donde muchos comparten las penas sobre las injusticias y políticas que los terminaron perjudicando.
La economía de la atención seguirá evolucionando, y con ella, los desafíos que enfrenta la sociedad en términos de ética digital, acceso a la información y construcción del discurso público. Comprender estos cambios es fundamental para garantizar un entorno digital equitativo, donde la atención no sea un recurso explotado, sino una conexión y construcción colectiva.
¿Crees que la economía de la atención influye en tu vida diaria? Déjanos tu opinión en los comentarios.


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