Durante 2025, Argentina registró 50.155 hechos de estafas y defraudaciones asistidas virtualmente. Mientras los robos presenciales cayeron 21,2 %, las estafas virtuales escalaron. En 2024 se había registrado un aumento interanual del 21,1 % en reportes de ciberdelitos (34.468), según la UFECI. La tendencia es clara: el crimen físico retrocede; el digital, no.
En febrero de 2026, Paolo Molesini, presidente de Fideuram, la banca privada de Intesa Sanpaolo, recibe un mensaje de WhatsApp de Carlo Messina, el CEO del grupo. Después, una llamada de Paolo Nastasi managing partner de A&O Shearman Italia, uno de los estudios legales más poderosos del mundo. Molesini lo conoce personalmente y reconoce la voz. Ese abogado conocido, del prestigioso buffet, le confirma la operación de Messina. La realidad: la voz fue generada con inteligencia artificial. Según Reuters Molesini autorizó transferencias al exterior por unos 95 millones de euros. Más de la mitad se recupera; unos 36 millones se perdieron en cripto. En marzo renuncia por motivos personales.
Lo que le pasó a Molesini no es un accidente. Es la muestra de lo que es posible cuando la IA clona voces, personaliza mensajes y coordina ataques que no descansan.
Tres segundos de audio
El otro día, llaman a mi padre, le dicen «Papá, soy Ricardo ayúdame…» Mi viejo reacciona rápido y me manda un mensaje. El truco está en jugar con el tiempo. La urgencia. En este caso no era mi voz, pero podría serlo tranquilamente: según McAfee, bastan tres segundos de audio para lograr una coincidencia del 85 % con la voz original.
Sea por confiar en una voz familiar, un email del banco o un link que parece legítimo, estamos ante nuevos desafíos. La Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC) advierte que el fraude organizado ya crece, usa IA para escalar y se extiende a nuevas regiones, entre ellas América Latina. No es una predicción: está pasando mientras leés esto.
Ya no hablamos de personas, sino de algoritmos que responden a ellas. El objetivo no son los presidentes de bancos o financieras: esos son los casos difíciles. La flecha apunta a quienes somos predecibles y confiamos rápido. Un teléfono con conexión, una tarjeta o una billetera virtual, y listo: dan con el perfil.
El bot no duerme, vos sí
En algún lugar del mundo, mediante bots, alguien intenta acceder a nuestras cuentas. Una, diez, cien veces al día. En algún momento puede tener éxito. Cuando sucede, la desprotección es grande. Ahí descubrís que estás solo. Que el banco no responde. Que el empleado detrás del mostrador no puede darte la atención que necesitás porque tiene que atender rápido y teme escuchar demasiado: en cualquier momento el encargado lo va a mirar o a hacerle señas. Y cada vez hay menos mostradores: más de 500 sucursales cerraron en cinco años, una caída neta cercana al 11 %, y unos 5.000 trabajadores dejaron el sector desde 2023, según estimaciones sindicales. Nadie te enseña cómo defenderte. El bot no duerme pero vos sí, y mientras lo hacés, sigue intentando.
Phishing como servicio
El Phishing-as-a-Service o PhaaS es un modelo de negocio que ofrece herramientas listas para usar, permitiendo a personas sin experiencia realizar operaciones fraudulentas. Se puede realizar un pago único o suscripciones. Estas herramientas, por supuesto, incluyen servidores, hosting e inteligencia artificial.

Estos kits se venden en la dark web y permiten montar infraestructura de fraude e imitar marcas a gran escala. Con Darcula, plataforma en idioma chino, el comprador ingresa la dirección de cualquier marca y el sistema captura logos, tipografías y diseño para generar un kit a medida. Netcraft detectó que sumó IA generativa, que permite crear formularios en varios idiomas sin saber programar. Lucid, otra plataforma del mismo ecosistema, impulsó campañas de mensajes fraudulentos activas en 88 países. Esa personalización permitió apuntar a marcas locales y regionales que antes casi no se imitaban. Con IA, las fronteras dejan de ser una barrera: los objetivos pueden estar en cualquier lugar.
Una persona, una computadora
Entre el 10 y el 15 de septiembre de 2026, un atacante de habla china lanzó 105 proyectos de ataque con agentes de IA y comprometió al menos a 27 empresas. De dos de ellas obtuvo más de 600.000 registros de tarjetas vigentes, según Gambit Security. El operador humano dio instrucciones breves y dejó que los agentes hicieran el resto. El costo marginal fue de unos 25 dólares por empresa. Casi el 79 % de los registros pertenecía a titulares estadounidenses. Una persona, una computadora, sin moverse.
La misma lógica, diferente objetivo
Del otro lado del mostrador ocurre algo simétrico. Las empresas incorporan asistentes de IA que clasifican reclamos, interpretan la intención del cliente y resuelven consultas con menos intervención humana. En enero de 2026, Mercado Libre confirmó la salida de 119 personas en la región, 32 en Argentina, y habló de una evolución de sus equipos de Experiencia de Usuario. El gremio y ex empleados sostienen que entrenaron a la IA que hoy ocupa sus tareas. La pregunta: si un sistema puede entender un problema, categorizarlo y resolverlo, ¿qué le impide hacer el recorrido inverso? Un número de documento en un buscador ya devuelve datos; cruzarlos con redes sociales, nombres de familiares, fotos y audios es un trabajo que una máquina no hace con cansancio. Esa es la hipótesis de esta nota, no un hecho documentado en un solo caso. La lógica es la misma; cambia el objetivo: unos la usan para atender con menos gente, otros para engañar con menos esfuerzo.
Mientras tanto, en Argentina
El actor Jorge Martínez, de 79 años, cae en una falsa promoción vinculada a Temu. Convencido, entrega los datos de su cuenta para recibir el dinero. Después llega otra oferta: una plataforma de inversiones que, según contó, usaba la imagen de Messi generada con IA. Durante días recibe comprobantes falsos de ganancias. Cuando entrega más datos, entran a su caja de ahorro en dólares y se llevan los últimos 1.400 que tenía, destinados a un tratamiento dental. Su oficial de banco le avisa que figuran créditos a su nombre por 1.700.000 y 863.000 pesos. Al intentar denunciar, le advierten que haber entregado sus datos complica el trámite.
Qué hacer ahora
Medidas de protección que no dependen de terceros.
Marcar las medidas que ya se aplican.
Asumir que se es un objetivo
No es paranoia: es estadística. Corresponde tratar cualquier correo, llamada o mensaje como potencialmente falso.
Verificar antes de actuar
Controlar los débitos
Denunciar, aun sin expectativa de respuesta
Una denuncia no recupera el dinero de inmediato, pero acumula evidencia: demuestra que no se trata de casos aislados.
Compartir lo aprendido
Saber que existen las estafas no es lo mismo que entender cómo operan.
La mejor defensa no depende de que el banco mejore: depende de comprender el mecanismo.
No es distracción: es ignorancia
El sistema actual sigue fórmulas precarias. Los procedimientos no existen para proteger: están para permitir a las empresas abaratar costos dejando que pierdas dinero antes que implementar verificaciones más sofisticadas. Las soluciones o propuestas no van a la velocidad que la tecnología avanza. En ese sentido las compras precipitadas y sin seguridad son más rentables que capacitar personal para que te enseñe a desconfiar. Lo «productivo» siempre será que los empleados o una IA tomen reclamos, no que brinden soluciones para que no vuelvan a pasar. Los mecanismos de fraude han avanzado. El sistema que debe protegerte, no.
El sistema fue diseñado así. La web fue hecha para confiar rápido. Todo debe ser veloz. Los bancos eligieron procesar como lo hacen. Los gobiernos ante la IA no saben cómo reaccionar. Regular puede limitar la innovación, pero no hacerlo le permite a las empresas abaratar costos y reducir personal, y a los ciberdelincuentes les deja el terreno servido. La IA acelera todo. No es tu culpa.
Pero tampoco es responsabilidad del banco que vuelvas a caer mañana. Eso ya es tuyo.
La confianza en el sistema le costó a Molesini millones de euros. Nosotros no tenemos ni tanto dinero ni sus posibilidades. Eso no nos hace menos blanco. Al contrario, estamos más expuestos. Su entidad pudo rastrear y recuperar más de la mitad de los 95 millones. Vos tenés un número de teléfono que nunca atiende. Mientras ellos rastreaban 95 millones, vos luchás por recuperar $5.000 de un débito fantasma. Ambos comparten algo: cuando la máquina te atrapa, estás solo. La red, al igual que los pescadores, permite atrapar más presas. ¿Se puede evitar?
Sí. Entendiendo cómo funciona. Revisando el resumen línea por línea. Conociendo el número o el mecanismo para hacer el Stop Debit. Denunciando. Y por supuesto, enseñando a otros cómo defenderse.
La indignación es natural. El odio no. Ante una situación que nos molesta y nos hace sentir al margen, la rendición es opcional.
No esperes que el algoritmo falle. No descansa. Va a volver a intentar. Cuando lo haga, lo mejor es estar preparado.
Alguien del otro lado
Mi padre reaccionó rápido y me escribió. Esa fue toda su defensa: alguien del otro lado a quien preguntarle. No fue un protocolo ni un bot de atención. Fue una persona. Es lo que se está retirando de muchos mostradores y lo que los estafadores aprendieron a imitar. No alcanza para frenar a un atacante con agentes trabajando solo frente a una computadora. Pero sigue siendo lo que separa un intento de una pérdida.
Aclaración: las imágenes de este sitio son, en su mayoría, ilustraciones generadas con inteligencia artificial, de carácter dramático o editorial, y no documentan hechos reales. Más información.