¿Estamos enfermos o solo somos demasiado políticos?

El Conflicto y virulencia en las redes, diarios y programas de la última década reflejan lo que sucede en las calles y dentro de muchas familias. Reflexionar sobre los responsables trae preguntas como: ¿Son los medios herramientas que confunden? ¿Es el ser humano permeable a la influencia de lo que consume? ¿Cuáles son los intereses que siempre están en juego?

Hablar sobre cómo se distribuyen ideologías me parece incorrecto. No porque disienta, sino porque sería entrar en el mismo lugar que mencioné antes: El drama del huevo y la gallina.

Obviemos esa parte, a fin de cuentas, tanto uno como el otro conviven a diario con nosotros. Vamos a situarnos en los conflictos, y no en ellos per se, sino en su reflejo de cómo vivimos.

La mayoría de agresiones que vemos a diario se deben a posturas políticas. Vanidades y luchas sobre quién lleva la razón. A esa pelea la escenificaremos con pronombres: Yo, Tú; este, ese; mío, tuyo; nuestros, suyos, etc. y regresamos a lo mismo…

Entonces debemos plantear cómo salir de la situación y brindar alternativas que hagan bien. Y acá no hablo de vivir en una isla, ni ser ajeno de lo que sucede a nuestro alrededor. Separarnos de lo que sucede, sería parte de lo mismo.

El ser humano por naturaleza es un animal de conflicto. Vivir acarrea pasar por cientos de ellos a diario. Cada uno tiene su historia, y si todos tuviesen la capacidad de expresarlo o ponerlo en un papel, de seguro conmovería. Lo que emocionaría se relaciona a la capacidad de cómo logramos superar esas adversidades. Sin embargo, lo que inquieta a una persona puede no ser lo mismo en otra. Pero, aunque no se identifique con la situación, logra ver el cambio que transcurre y comprende que, en la paz, tranquilidad, cese de conflicto, es cuando se reluce lo mejor de cada individuo, algo que como argentinos perdimos hace bastante tiempo.

Creo que muchas cualidades que nos enaltecen confrontan con aquello que opaca, oscurece y perjudica nuestro existir. Como dije, nuestra naturaleza nos predispone al conflicto. Por otro lado, es observable y explicable quienes son los que se benefician de todo lo que nos pasa ¿en todos los países sucede lo mismo? ¿Qué problemas son los que predominan? ¿ocultan otros?

Responder esas inquietudes, siguen la misma línea de los primeros párrafos. Así que me alejo… Y acá sí me detengo, en los conflictos.

Cada cual puede elegir el camino que desee (esto es obvio, pero lo utilizo para explicar lo que sigue). Pienso que cuando uno esta convencido de algo, no busca constantemente reafirmarse. Es decir, si sé de mi razón (aceptando que sólo es un punto de vista), puedo entender que otro no piense lo mismo, porque en el fondo comprendo que tenemos visiones diferentes. Abro paréntesis para señalar las acciones que naturalizamos: el incesante uso de palabras de choque, los comentarios crudos, las acusaciones, los pleitos, etc… No hace falta ver mucho para darse cuenta que convivimos junto a personas que de lo único que hablan o postean es de política (ergo conflicto). Repiten incansables lo que vieron en medios o redes acusando y defenestrando a las demás posturas. Ni hablar “los partidarios anónimos” que de forma constante publican y comparten asuntos de agenda. Es como una necesidad de acotar, de insultar y de establecer “sos un boludo por pensar así”. Y no se termina nunca: Si dice esto aquel, respondo; si se queja aquella, la puteo e insulto; si pertenece a esto, la acuso de esto otro, y así la lista sigue…Hay días que pienso que estamos enfermos y obsesionados por tener la razón.

También entiendo que muchos utilizan las redes so pretexto para descargar tensiones derivados de la subjetiva falta de éxito o sentido en la vida (¿utopías?). Creo que allí en esos comentarios sienten que los escuchan, y son parte de algo. Lo que explicaría la necesidad de virulencia y permanencia. Pero importa poco cómo somos de individuos, sino qué constituimos y cómo colaboramos con el resto. Es decir, ser parte de una solución o en todo caso, hacer algo diferente que ayude a no echar más leña al fuego.

Determinar si las personas reflejan a los medios o si estos a las personas poco importa. De nada sirve saber si éstos son, o no fascistas, y si las redes estudian o no, nuestras actitudes con supercomputadoras. Creo que, en este caso, todo lo que no contamina, es parte de lo que necesitamos. Como dije, si estas convencido de tu postura sea cual fuere, no es necesario seguir atacando a los demás. Tampoco suma cuestionar qué dijo y qué hizo cada individuo. A fin de cuentas, nadie es ejemplo. Lo que puede ayudarnos—siento—, reside en la actitud de cada uno para con el resto (hablo de cómo y qué compartimos). Cambiar temas y salir de la monotonía del conflicto puede alejarnos de lo toxico del asunto. Y esto lo digo por lo repetido y constante que se vuelve en la vida de muchos.

Deseo que podamos salir de toda esa virulencia y obsesión para poder ver lo mejor que tenemos tanto como personas como país. Creo que enseñarles a las futuras generaciones que se puede vivir en paz mostrando lo mejor de nosotros, es el mensaje más valioso que podemos compartir…


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