El ser y la identidad en la era de la inteligencia artificial

¿Qué significa ser humano en la era de la inteligencia artificial? Exploramos las implicaciones de la IA en nuestra comprensión del ser y la identidad

La velocidad y demanda del mundo digital están experimentando una nueva transformación con la llegada de la inteligencia artificial. Esta tecnología aprovechada para la automatización de tareas y el manejo de grandes volúmenes de datos, tiene su lado B.

Grandes empresas, sirviendo de este avance y el rédito económico, utilizan sus características para fines menos dignos: reemplazo de mano de obra especializada.

Un caso particular es la empresa Xiaomi. Gracias a los avances en robótica e inteligencia artificial, tiene una planta de armado de celulares funcionando las 24 horas sin personal humano.

La adaptabilidad de este avance, junto con la creatividad y ambición del ser humano, ha permitido expandir su uso en áreas inimaginables. En las redes sociales, se interactúa de manera constante con la inteligencia artificial. Detrás de un audio, una imagen o un copy, es muy seguro que exista una IA en su producción. Incluso en las noticias que leemos, productos o contactos sugeridos la IA trabaja naturalizada.

Recientemente, en el ámbito de la medicina, hemos logrado un avance significativo. Gracias a la predicción con IA, los diagnósticos actuales de cáncer puede realizarse hasta con 5 años de antelación, impactando significativamente en nuestras vidas. Como vemos, los algoritmos están en casi todo.

El 22 de junio de 2022, David Hosting, presidente de la Asociación de Programación Neurolingüística de Argentina (APNL), pierde a su hijo Brian en un accidente. En busca de mitigar el dolor y gracias a los audios almacenados de Brian, crea un chatbot que le permite conversar con él a diario. En su cuenta de Tik Tok, dice que esto le ayudó a transitar el duelo y explica que, aunque es consciente de la pérdida, aprovechar la tecnología para acompañar situaciones como estas no tiene nada de malo. También tiene otro chat donde conversa con el padre. ¿Qué lugar viene ocupar la IA, nos complementa o reemplaza?

¿Quiénes somos realmente en la era digital?

Para explorar sobre quienes somos, retomaremos las ideas de algunos filósofos más influyentes de la historia. Platón y Aristóteles compartían una visión similar del ser y la identidad. Al primero lo relacionaban con lo inmutable y subyacente, mientras que a la identidad le daban un carácter observable y social.

Estas perspectivas presentan una tensión interesante que vincula al ser con lo profundo y etéreo, mientras que la identidad se asocia a lo observable y tangible. Sin embargo, en la era de redes sociales, esto toma otro rumbo. Hoy nuestra identidad se vincula más a lo digital que a quienes somos en realidad. De algún modo se restó transcendencia a nuestro ser reduciendo nuestra existencia a lo superficial e inmediato.

Filósofos como kant, Hegel y Heidegger abordan la relación entre el ser y la identidad de manera profunda. Estos autores dirán que la identidad se forma a través de nuestras experiencias y percepciones, es decir, en como organizamos y damos sentido a ellas. Pero ¿Qué sucede cuando el que rige y organiza es un algoritmo?

En la actualidad, nuestra forma de mostrarnos y adaptarnos a nuevas experiencias fluctúa de manera constante. En nuestro presente la identidad es dinámica, aunque menos definida. El ser que brinda sentido a la experiencia no trasciende sino que se abruma ante el caos de nuestra persona.

En este contexto, entra en juego nuestro posicionamiento ante la tecnología. Lo que nos define, está sellado por lo que hacemos con ella. Por otro lado, en tiempos donde la desocupación y desigualdad aumentan; donde el algoritmo determina lo que prevalece, se vuelve complejo no seguir las reglas del mercado. Ser oferta o demanda se convierte en una cuestión existencial.

Es interesante ver como los contextos históricos y sociales han influido en las ideas de estos filósofos. Por ejemplo, Platón y Aristóteles vivieron en una sociedad esclavista, mientras que kant en pleno auge del iluminismo. Esto nos muestra que nuestra compresión del ser y la identidad evoluciona con el tiempo. No es ajena de lo que le sucede.

En última instancia, es importante reconocer que nuestra identidad y lugar en el mundo están en constante cambio. Cuestionarnos sobre quiénes somos y cúal es nuestro papel en la sociedad se vuelve sumamente importante. Permite reflexionar sobre nuestra identidad y encontrar un sentido de propósito en un mundo en constante evolución.

Entonces, ¿Es posible existir sin una identidad definida por el algoritmo? ¿Podremos en este caos efímero darle un sentido no comercial a nuestra existencia? ¿Qué sucederá cuando tecnologías como la inteligencia artificial generativa, que imita y mejora lo que hacemos, nos reemplace por una versión digital de nosotros?

¿Seremos inmortales en el ciberespacio?

Sin lugar a dudas, estamos en un período de grandes cambios. Según Mark Zuckerberg, CEO de Meta, la apuesta reposa en la inteligencia artificial personalizada. A diferencia de otros líderes tecnológicos, que creen que todo confluirá en una única y todopoderosa IA, el creador de Facebook opina que el devenir quedará en manos de millones de agentes de IA personalizados, que probablemente dupliquen la población humana. ¿Te imaginas que en el futuro una parte tuya permanezca perenne en las redes?

La tecnología avanza a pasos agigantados. En la actualidad existen sensores tan pequeños, que solo pueden ser observados con poderosos microscopios. Esto permite que muchos dispositivos funcionen en situaciones que no percibimos; toman datos, realizan informes, todo en tiempo real y de manera ultrarrápida y profunda.

Algo similar sucede con los algoritmos, que «predicen» ciertas preferencias y patrones de conducta, y se «adelantan» a nuestras necesidades en busca de ofrecer resultados personalizados.

Hemos visto que la toma de decisiones es lo que diferencia el ser de la identidad. Esto nos lleva a preguntarnos ¿En la creación de nuestra huella digital, existe posibilidad de elección? Si mi identidad es mi autenticidad y, en pos de ser veloz o eficiente, automatizo muchas de mis funciones ¿Quién realmente somos? o en todo caso ¿Qué identidad prevalece la humana o la digital?

La IA si la sabemos usar, nos facilita la vida, pero también sugiere en demasía cómo debemos ser. ¿Qué implicaciones tiene esto para nuestra humanidad? ¿Estamos destinados a ser todos iguales?

Lo que nos hace único en un mundo de réplicas

Nuestro carácter distintivo nos hace únicos. Pero en tiempos de inmediatez, el aquí y ahora sufre una transcendental escisión.

Muchos medios han tomado a la inteligencia artificial como una herramienta para mejorar los tiempos y ampliar su audiencia. En medios pequeños, esta tecnología complementa al periodista y lo ayuda tanto en la redacción como en las creación de contenidos. Es evidente que nuestro ser e identidad, transita con la tecnología.

Si tuviéramos que diferenciar la inteligencia artificial del hombre, podríamos decir que lo tecnológico siempre es abarcativo y veloz. Por otro lado, el rasgo subordinante de la IA es único. En particular al introducir un comando y que se ejecute. Es como una varita mágica. Automatizo tareas, reduzco funciones y todo eso tiene una recompensa. En este punto, la IA no protesta por nada.

El carácter del hombre es más complejo, ya que convive con dilemas, decisiones y luchas internas que lo diferencia de una máquina. En este punto, el hombre cuestiona y debate. Y lo hace permanentemente tanto en su interior, como en lo social.

Es innegable que, en comparación con la inteligencia artificial (IA), somos muy limitados. Sin embargo, en un mundo con recursos finitos y desiguales, surge la pregunta ¿Deberíamos esperar una nueva era de ilustración? ¿O, en lugar de eso, nos veremos obligados a luchar por el espacio y los recursos que tenemos, ya que la IA está reemplazando y desplazando nuestras funciones? La naturaleza una vez más nos interpela para no convertirnos en litio.

Puede que estemos por transitar una nueva era de consciencia y cambios sustanciales en nuestro ser. La identidad puede ser un factor relevante. Tal vez ya no interese quienes seamos y estemos en las puertas de un mundo feliz (Huxley), donde todos seguiremos las reglas de un gran Ford, que designa todo lo que debe interesarnos.

En el futuro, es posible que un algoritmo moralizador sea quien determine qué implica ser una buen ciudadano o un peligro para la sociedad. Los sesgos, las alucinaciones (se dice cuando la IA falla), puede que queden tan ocultas que nadie cuestiones sus resultados. ¿Acaso cuestionamos los resultados de Google?

Hoy en día, las redes sociales nos muestran que la identidad se disputa entre la inmediatez, la tendencia y la mímesis, brindándonos un carácter efímero y comercial.

La marca personal se ha convertido en un factor determinante para las redes. Nuestra autenticidad se refleja en la cantidad de seguidores.

En un mundo donde nuestra identidad y experiencia dependen del modelo de celular y de un algoritmo, la vida adquiere un sentido único. Estamos con la tecnología o perecemos debido a ella…

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